En Ana Molés hay una mirada atenta a lo cotidiano y a los detalles que para muchos pasan desapercibidos. Desde su papel como diseñadora de producto en el equipo de Francesc Rifé, y a través de objetos pensados para resistir el paso del tiempo, apuesta por un diseño que no necesita alzar la voz para ser escuchado o visto.
¿CÓMO DEFINES LA BELLEZA EN UN PRODUCTO?
Para mí, la belleza aparece cuando hay coherencia. Cuando forma, utilidad e historia conviven en equilibrio. Un objeto bello no solo responde a una necesidad, también narra algo y lo hace de forma armónica, sin excesos. La honestidad me resulta bella.
¿HAY ALGÚN OBJETO COTIDIANO QUE TE INTERESE ESPECIALMENTE?
Me interesan todos, en realidad. Lo que más valoro es cuando un objeto cotidiano es ingenioso, cuando su diseño resuelve algo de forma sencilla y eficaz. Como mi cepillo de dientes, que al apoyarlo boca abajo las cerdas no tocan la superficie gracias a la geometría del mango. O una jarra de terracota que, por la porosidad del material, mantiene el agua fría. También una aceitera icónica que no gotea. Son pequeños gestos que me parecen interesantes y bien pensados.
¿RECUERDAS EL PRIMER OBJETO QUE DISEÑASTE?
Si tengo que pensar en el primero de todos, fue cuando era pequeña a los siete u ocho años. En un taller donde pintaba llevé una silla plegable de madera de mis padres y la transformé cubriéndola de pegamento y confeti. Una especie de “silla de fiesta”. No sé si era diseño, pero sí una forma de intervenir lo cotidiano. Aunque el primero en estar en el mercado fue MAÓ, una pieza que forma parte de la colección de La Capell. Es una pieza sencilla y escultural, busca dar valor a lo cotidiano. Lo produje junto a una fábrica familiar de ladrillos y un ceramista local.
¿QUÉ INFLUENCIA ESTÁ TENIENDO FRANCESC RIFÉ EN TU FORMA DE DISEÑAR?
Francesc tiene una gran sensibilidad, es una persona muy meticulosa y apasionada por su profesión. Trabajar con él me ha ayudado a mirar con más atención. Su manera de pensar el diseño va más allá de lo evidente. Con él he aprendido a simplificar, a dar más valor a los matices y a cuidar cada decisión.
¿CÓMO ES VUESTRO PROCESO DE DISEÑO JUNTOS?
Todo empieza con una idea o un boceto de Francesc. A partir de ahí, se crea un diálogo en el que mi papel es dar forma y volumen a su visión y sus trazos.
Él define la esencia del diseño que yo iré modelando y trabajando para luego, de forma conjunta, ajustar y buscar la proporción adecuada. Dibujamos, modelamos, elegimos materiales y acabados, hacemos maquetas… Es un proceso en constante de transformación e iteración, donde Francesc va afinando cada decisión hasta llegar a la propuesta final.
¿QUÉ TE GUSTARÍA QUE SINTIERA ALGUIEN AL VIVIR CON UNA PIEZA QUE HAYAS DISEÑADO?
Que la sienta parte de su casa, como algo que quiere que le acompañe mucho tiempo. Me interesa mucho la idea de permanencia, de objetos que resisten el paso del tiempo. En un mundo donde casi todo caduca, diseñar desde la atemporalidad me parece valiente y difícil.
¿CON QUÉ PIEZA DE RI HOUSE DIRÍAS QUE TE IDENTIFICAS MÁS?
La butaca RC de Blasco&Vila. Me interesa por su versatilidad y por cómo, a partir de un mismo molde y lenguaje formal se ha desarrollado una serie de piezas con distintas proporciones que conforman una colección coherente. Es un buen ejemplo de cómo pequeños gestos en el diseño permiten generar variaciones que comparten una misma línea estética, pero con identidad propia en cada pieza. Además, tiene un trabajo muy cuidado en la tapicería, una parte artesanal que la marca domina con experiencia y savoir-faire. Es una pieza sencilla pero muy bien resuelta, para mí ahí está gran parte de su valor.